La fIlosofía de regeneración, mejora y preserva el ecosistema

La fIlosofía de regeneración, mejora y preserva el ecosistema

ad pal 1David Leventhal,
propietario de Playa Viva

Escápate a este nuevo y exclusivo pretexto encajado en plena selva: ahí descansarás y convivirás con la ecología.

A 140 kilómetros desde Acapulco, en Petatlán, Guerrero, se halla este destino sustentable, autosuficiente, en una reserva natural de más de 80 hectáreas.

Camino al edén

Hay que llegar por Juluchuca, pueblo que se reconoce por sus fábricas y tiendas dulceras a la orilla de la carretera, además de sus salinas.

Las señales al hotel obligan al turista, primero, a recorrer el pueblo; luego lo llevan a un riachuelo, de donde el resto del camino lo iluminan los rayos del sol que se filtran entre las ramas: anticipo de lo que desde ahí se comienza a desear. A medio trayecto, en la nada verde, te topas con un pesado portón: es la entrada a la mina de la tranquilidad. Ábrelo tú mismo. Tras él, la espesa vegetación continúa en menguante; en un instante habrás llegado.

Dos cosas llaman la atención: el techo del estacionamiento, de paneles solares, y un túnel forjado de madera, donde, de pronto, aparece un comité de bienvenida, con sonrisas sinceras y toallas frescas. Déjate llevar. Ellos, Gloria y Julia, serán tus primeros amigos y quienes te atenderán.

El lugar, pequeño y amplio, es abierto y acogedor, de construcción sencilla y detallada a la vez.

En la habitación, acondicionada, siempre fresca, hallarás privacidad sin encierro: ni siquiera ventanas hay: el baño mismo está en contacto con la naturaleza. Las camas inmejorables. ¿Más cómoda, o así?

Desde aquí se vive la ecología: las sábanas y las toallas son de algodón orgánico; el jabón, biodegradable. Cada habitación cuenta con plantas tratadoras de aguas grises y negras. La energía eléctrica proviene de los paneles solares, los cuales también calientan el agua de la regadera.

Lujo Todo Incluido

Este hotel boutique se compone de tres casas, con techos de palma; pisos de madera de huapinol y bocote; paredes de barro y paja, conchas de mar y cascarones de huevo de tortuga y detalles decorativos de cobre.

Una casa es el área común, con sala, cocina, comedor, áreas de yoga y masajes; hamacas y alberca, todo con vista al mar.

El servicio, personalizado, incluye comida buffet, la cual se prepara del modo más natural y sano posible, casi siempre con productos orgánicos, algunos sembrados en la hortaliza del hotel mismo.

Por ahora, dado que la construcción está en su primera etapa, se atiende a 16 personas.

Digno representante del ecoturismo es Playa Viva. Su vasta extensión da cabida a la “permacultura” (trabajo de la tierra en forma sustentable). Genera hortalizas y huertos frutales para producir alimento, y con árboles maderables reforesta la zona para construcción y mantenimiento.

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Vivir en comunión

Playa Viva sirve la comida a la misma hora, en la misma mesa. Esto lleva a conversar con todos y hacer nuevos amigos. Ahí nació, por decir, la amistad de Wende-Chris y Laura-Omar.

Cabe decir que una campana indica la hora de la comida.

Playa Viva, también, asocia a los habitantes de Juluchuca y pueblos aledaños en su filosfía de la vida: los invita, por ejemplo, a que siembren sin pesticidas o químicos, con el compromiso no sólo de comprarles a ellos los productos así cultivados, sino también de apoyarlos en su venta fuera de ese lugar, en un proyecto que se llama Canasta Viva; así mismo, compra y promueve los dulces de coco y la sal de la localidad; es decir, a todos los lugareños los hace partícipes del negocio de la cultura de sustentabilidad y regeneración.

Y más allá o más acá, habrá de quedar otra vez el vacío de nosotros;pero, mientras tanto, el tiempo ahí se detuvo, aunque insuficientemente,en la intimidad con el silencio de la naturaleza y los cuidados de la vida,de esa otra vida de que nos podemos apoderar si nos atrevemos a cruzar el túnel de ese tiempo de madera.

 

 

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